Testamento de amor

A mis queridos hijos

Quiero dejarles éste, mi testamento de amor, para quedar en sus recuerdos cuando yo ya no esté.

Pienso que desde chica ya soñaba con un hijo en mis entrañas. Antes de saberme persona yo ya me sentía madre. Los cálidos recuerdos de mi niñez encierran canciones desentonadas, fantaseando con mis arropadas muñecas, arrullos que me salían del alma.

Aún antes de formar una familia ya atesoraba ropitas de bebé celestes y rosa, en una enorme caja; mi "baúl de la esperanza". Estaba segura de que alguno de mis hijos las llegaría a usar.

Un día apareció por fin en mi vida el amor, en el padre de ustedes. El acompañó mis impacientes momentos de dulce espera, ya para entonces compartidos.

Mis sueños se hicieron realidad y fui acunando en nidos de algodón el milagro de recibir en mis brazos a cada uno de mis cuatro hijos. Mi nido se llenó de pichones. Yo me sentía como un árbol que vuelve a florecer en cada primavera. Esparcidos juguetes y risas cristalinas inundaron la casa. Fui Feliz por el solo hecho de tenerlos a mi alrededor y de estar viva. Semejaba a una gallina cobijando a sus polluelos bajo sus alas. También los sentía semillas que dejaría en este mundo cuando me fuera, y en las que seguiría viviendo aún después de muerta.

Mis mejillas atesoraron sus besos infantiles mientras trataba de ser una buena madre, pero no supe traducir en palabras o gestos todo ese amor que repartía.

Amor que no se basó en caricias ni en besos. Puedo haber pecado de distante, pero para mi, el amor de madre lo brindé dedicando cada instante de mi vida en procurar el bienestar de cada uno de mis hijos. Caminando a su lado para hacerlos hombres de bien.

Con sus ropitas limpias y remendadas en insólitas costuras, sus comidas a horario, sus lápices con las puntas afiladas, sus delantales planchados e impecables. Eso era para mí el amor de madre, mi forma de demostrarlo. Tal vez me equivoqué.

La rutina del tiempo, que se nos va volando, nos hace olvidar el valor de las palabras no pronunciadas, o muchas veces postergadas.

Lamentaría irme sin nunca haberles dicho "Te quiero", Cuantos besos no salieron de mis labios. Yo misma crecí en un mundo sin caricias, pero que presentía lleno de amor, al ver a mi madre desviviéndose por verme feliz. Nunca pude dar a mis hijos lo que tampoco recibí de mis padres. Pero esos cálidos recuerdos del pasado, de silencios compartidos, me llenan de nostalgia y perfuman mi corazón.

Cuando me detuve a pensar, descubrí que mis polluelos ya eran grandes y partían a formar su propio nido. Sentí añoranza de un tiempo ido. Apelé a fotos viejas y al archivo de mi memoria. Solo encontré recuerdos de felicidad maravillosa.

En ustedes se cumplieron los anhelos de mis mas puros sueños juveniles.

Sus miradas inocentes, cándidas y sinceras fueron el bálsamo que me ayudó a hacerle frente a la incertidumbre y los malos momentos. Fueron la razón para vivir sin lamentos.

Dieron sentido a mi vida y fueron parte de los sueños que impulsaron mi camino.

Quiero resumir en ésta carta todo el amor que nunca supe traducir en palabras, y quiero que sepan, que aunque nunca se los dije, siempre los quise mucho...

Mamá