Carta de un hermano

Hermano:

A veces llego a mi casa después del trabajo y me siento en el jardín en el fondo, con la viña del vecino por delante y con las montañas al fondo queriendo alcanzar al sol para acelerar el crepúsculo.

En esos momentos pienso cuanto daría para tenerte ahí para poder charlar un rato, de cosas importantes o intrascendentes, pero poder compartir el momento.

Aunque, no estemos de acuerdo o sí, no tengamos nada que decir, o todo por decir, pero compartir esos cinco minutos diarios en los que cada mirada o gesto sea el disparador de una catarata de recuerdos de momentos vividos durante toda la infancia y adolescencia y que esa cercanía, todas esas vivencias tenidas en común nos den el crédito suficiente como para poder decir sin miedos ni rodeos "ese corte de pelo no te queda bien" o "lo que escribiste me parece bueno" o "malo", "ayudame con esto" o "con aquello" o "no necesito nada" o "necesito mucho y no se que hacer".

Poder contar con tu mano cuando necesito una ayuda y con la misma mano cuando necesito que alguien me sacuda para reflexionar sobre mis desaciertos y poder ver un poco mas allá, tomando prestada tu visión de las cosas y poder hacer un poco mías algunas de tus interpretaciones.

De la misma forma aquí esta mi mano, para que la tomes o la dejes, pero con un cartel que dice "reservada para cuando mi hermano la requiera".

Te quiere mucho:

Tu hermano